Aeróbico frente a anaeróbico

Las bacterias descomponen la materia orgánica por dos caminos muy distintos. Con oxígeno (aeróbico) se forman agua y dióxido de carbono, ambos sin olor. Sin oxígeno (anaeróbico) se forman, entre otros, metano y ácido sulfhídrico, que traen el típico olor a pozo absorbente.

El oxígeno como parámetro de ajuste

Un compresor suministra oxígeno de forma continua a las bacterias. Trabajan de forma aeróbica, el lodo permanece en equilibrio y no se generan gases de putrefacción. A diferencia de la fosa séptica, cerrada y pobre en oxígeno, este es un sistema fundamentalmente distinto: una planta biológica puede estar en el jardín sin que se perciba ningún olor.

Además, el proceso estabiliza el lodo biológicamente y reduce considerablemente su acumulación, de modo que no es necesario vaciar el estanque todos los años.

¿Cuándo sí podría oler?

Si el compresor falla (corte de luz sin respaldo, equipo defectuoso), la planta vira al modo anaeróbico después de algunos días. También una planta mal dimensionada (demasiado pequeña para la carga) o la falta de mantención pueden generar olores a largo plazo. Con una mantención que funciona, estos casos son la excepción rara, no la regla.

Sin olores como ancla de marca

La ausencia de olores es, junto con biológico y sin químicos, uno de nuestros tres compromisos ancla. Nuestra planta piloto en Chile funciona desde 2015 sin fallas y sin generación de olores en el jardín ni en la casa. Lo que hay detrás es biología, no publicidad.